Salón de clase

No sé porqué es así, pero cada que estoy dentro de un salón de clases, siento como si todas mis ideas se vieran reprimidas por un agente de fuerza mayor, por algo que merma con vehemencia la nitidez y energía de aquellas concepciones abstractas; a veces tan divagadas, a veces tan fugaces. A veces tan inolvidables, en ocasiones tan enmarañadas pero completas.

Pienso que los salones de clases convencionales no fueron o no son los espacios adecuados para hacer fluir y desarrollar con decencia el raciocinio colectivo. Al menos desde mi punto de vista y con respecto a esa educación tan tradicionalista (por no decir precaria) en la que vivimos hoy en día, creo que siempre es mejor pensar/analizar en lugares despejados, en lugares que no se encuentren cercados por sólo cuatro paredes y una puerta. Quizá lugares que metaforicen la mente; que sean amplios, que sean amenos, que inspiren placer y ganas de hacer algo. Sería prudente mencionar aquí el “Locus Amoenus“; el que todos somos susceptibles a tener.

Aun así, todo esto no queda como otra cosa más que como una idea utópica que se le ocurrió a un puberto con hambre. Busquen su “Locus Amoenus” y discurran con libertad (claro, siempre llevando un libro en mano y quizá, acompañados de una buena dosis de música relajante).

paz

Un comentario el “Salón de clase

  1. M dice:

    A mi me da como ataques de claustrofobia dentro del aula. Estoy de acuerdo, no se puede pensar mucho ahí adentro.

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