¿LEPMAG?

Se acercó a la pump, conectó su memoria USB y deslizó la tarjeta magnética, atiborrando la máquina con 8 créditos, como intentando dar un aviso, una señal de que nadie no lo molestaran mientras jugaba. Por suerte yo ya había terminado de jugar.

Quizá estaba entrenando, o igual y lo hizo para jactarse y demostrar su “superioridad” pumpera ante los espectadores de ese lugar; jovencitas de entre 15 y 17 años y algunos cuantos adultos que pululaban ese entorno, movidos por la “curiosidad”.

No me gana. Juega agarrado del tubo y no hace “cambios”; esos que hacen que el “baile” se vea más “deslumbrante”.

Un día no muy lejano le pediré una reta. Al fin y al cabo ya sé cuál es el nombre con el que tiene registrado su pendrive: LEPMAG

🙂

El primer día

Me levanté a las 7:00 a.m. Desayune. Me cambie de ropa. Salí de mi casa. Tomé el primer bus que vi. Me bajea unas cuadras del centro de puebla. Le envié un sms a una amiga para saber si por lo menos mi odisea hasta la prepa iba a valer la pena. Caminé unos cuantos pasos hasta la estación de los ferrocarriles. Me iba quejando de un dolor en mi pie izquierdo que me  molestaba a cada paso. Presencie los piropos de un microbusero a una chava de cadera esbelta y un trasero promontorio. Me subí al bus que ese chofer irreverente manejaba. Escuché las cumbias que él iba disfrutando con gran regocijo. Me impresionó el solo de guitarra en una de las canciones. Envié un tuit a twitter. Recibí el sms de mi amiga que me decía que sí, que la prepa estaba abierta. Pasé por el mercado Morelos. Bajé de la ruta M17, la que me deja frente a la prepa. El dolor en mi pie me seguía torturando. Caminé hacía la entrada. Me encontré con mi amiga (la del sms) charlando con sus “amigas”. La salude de beso, a sus amigas no. Ella me oriento sobre todo lo que tenía que hacer. Fui a ver mi horario de clases, el que estaba pegado en una pizarra verde. Me busqué por entre la extensa gama de listas ahí expuestas. Me encontré. Subí de inmediato al salón que me asignaron de acuerdo a la carrera  que había escogido previamente. Mi salón era el de <Ingenierías y ciencias exactas>. El reloj marcaba las 9:50 a.m. Las clases habían comenzado desde las 7. Le dije al profesor que si podía entrar. Él me contesto que sí. Escuché atento lo que restaba de la clase. Mencionó que era profesor de literatura y que la palabra <wey> no existía, que era en realidad sólo una invención mediática de un ocioso. Terminó la clase. Comencé a saludar a “los cuates”. Baje del segundo piso para ir a saludar a “los otros cuates”. Conversamos. Llegaron un par de amigas. Seguimos conversando. Me avisaron que el profesor de física ya había llegado. Subí corriendo. Se presentó. Nos hizo presentarnos. Dio una definición cabal de lo que era la física y en lo que se relacionaba con las carreras que íbamos a escoger. Me llamaban por el celular. No contesté. Terminó su clase. Se despidió de una manera cordial. Me fui a sentar con un amigo. Comenzamos a platicar sobre las vacaciones. Sus anécdotas sonaban interesantes. Llegó su novia. Se unió a la plática. Llegaron otras amigas. También se unieron.  Eran las 12:40 p.m. y la profesora de inglés no llegaba. Todos optaron por irse. Baje de nuevo a la pequeña explanada. Me quede platicando con “los cuates”. Hicieron planes. Yo no fui. Mi pie me seguía matando. Salí de la prepa. Me quede conversando por ahí otro rato. Tomé de nuevo el bus. Me quería ir a casa. Me fui a jugar pump a “Güichos”. Mi pie me seguía matando. La primera canción fue un suplicio. La segunda igual. La tercera mejoro. A la cuarta se me olvido que mi pie me dolía. Llegaron otros <pumpers>. Me saludaron. Se armaron las retas. Me ganaron. Platiqué con los encargados del local sobre un posible torneo de pump. Compré un refresco. Lo deglutí con paciencia. Me aburrí. Me despedí de “los cuates”. Tomé el bus de regreso a mi casa. Iba leyendo “El laberinto de la soledad” de Octavio Paz. Leí sólo como 5 páginas. El cansancio se apodero de mí. Me quede dormido durante todo el trayecto. Me desperté justo a dos cuadras antes de llegar a mi casa. Bajé del bus. Subí por la rampa de mi casa. Toqué el timbre. Me abrieron las puertas. Subí a mi cuarto. Me quede dormido. Desperté. Comí. Me dirigí a la computadora a hacer unos trabajos. Los termine. Abrí el messenger. Vi rapidamente si estaba leo conectada. Me dio mucho gusto verla. Conversamos por  msn. Ejecute “Destroy Twitter“. Decidí escribir en mi blog sobre este día. Mi pie me sigue matando.

Día

Bellísimo, pintoresco, sobervio, auténtico, mágico, envolvente, poético, místico, inspirador...

Crepúsculo matutino. Ricardo Pérez

Es hora de soñar a imaginar

La proyección onírica que tenía lugar en alguna parte de mi cabeza estaba a punto de culminar con uno de los finales más asombrosos, más amenos, más impactantes, más sensacionales, más épicos, más intensos, más bien estructurados, más grandiosos que había visto, que había soñado y del que tantas producciones cinematográficas se han esmerado sin mucho éxito por conseguir en el mundo real.

Me hubiese gustado platicarles el final de aquella “película onírica” que estuve proyectando, tal vez un rato, tal vez varias horas en mi mente. Lo hubiera deseado, pero ni yo lo sé. Un grito estrepitoso perturbó el santuario de mis ideas. Me hizo despertar bruscamente, justo en el final. Justo en que lo épico iba a pasar. Justo en el momento en que “ellos tocaron el artefacto que iba a salvar el destino de la tierra, un destino que se vestía de negro, listo para danzar con elegancia por entre las llamas del infierno. Listo para atentar contra la naturaleza misma y contra la humanidad. Listo para erradicar con todo a su al rededor sin compasión. Listo para dejar un mundo con un panorama similar a sus primeros años de vida”.

Quiero, intento ser inusual, pero todo ésto me hizo recordar una frase que hace no mucho tiempo escuché en “Imaginantes“. La frase es de Luis Buñuel, una respuesta a la inquieta mente del señor Carlos Fuentes. Producto de una pregunta en torno al cine y la imaginación.

La cumbre de la realización cinematográfica será alcanzada cuando usted o yo podamos tomar una píldora, apagar las luces, sentarnos frente a una pared desnuda y proyectar sobre ella directamente desde nuestra mirada la película que pasé por nuestras cabezas.

-Luis Buñuel

Una respuesta precisa y contundente, innata, con un bellísimo concepto encerrado que haría liberar por completo la imaginación. Haría que se desbordara sin mesura.

Aún no he llegado a comprender el porqué de que cuando uno un sueño está programado para terminar con un final exquisito, grandioso, llega alguien externo y lo interrumpe sin prudencia. ¿Todo estará previamente programado? ¿Serán sucesos creados a base de lo fortuito, la casualidad? ¿Será que nuestra mente es tan gigante, asombrosa y misteriosa que todo ya lo tienen bien planeado, bien calculado? ¿Será algo que va más allá de la razón humana, de todo lo racional? No lo sé, pero me gustaría saberlo y no voy a parar hasta llegar a comprenderlo.

¡Un saludo!

🙂

¡Sal a ver la luna!

¡Sal a ver la luna!” Esa fue la frase que @lnkn me dijo para… No sé ni para que lo hizo, pero supongo que pensaba que ya necesitaba aunque una mínima distracción, bella y natural para apaciguar el sueño, del que aún me quejo a diario por twitter de no concebir. Los problemas de insomnio que me han venido atacando ferozmente estos últimos días no los he podido domar del todo, aun me controlan y ajetrean salvajemente, como una boya en un mar violento e inconquistable.

El punto de ésto no va en mis problemas para dormir, sino en lo que acabo de presenciar, pues justo en el momento en que salí a ver a la pequeña luna, rodeada de nubes, un ruido proveniente del garaje me quitó la tranquilidad. Acepto que al principio pensé que era un suceso paranormal con fantasmas o tal vez con hombrecitos verdes caminando desnudos por el piso frío y húmedo del lugar, ya saben que en momentos de espanto la imaginación comienza a hacer de las suyas. Me comenzaba a entrar un poco el miedo, pero el pavor se esfumo de la misma manera que vino al darme cuenta que se trataba de mi “caliente” vecina agasajándose frenéticamente con su novio que al percatarse de los ruidos que producían mis sandalias al caminar, se comenzaron a moderar y empezaron a cuidar celosamente su espacio de cualquier mirada (o lente) voyeurista que los asechara.

Mi garaje es un lugar recóndito, sin puerta. La luz del alumbrado público no cubre toda la oscuridad que guarda celosamente ese lugar. Es el sitio idóneo para alcanzar el mayor éxtasis que las antiguas religiones paganas consideraban como un acto sagrado, como el único medio para establecer una conexión directa y breve con Dios; la fusión del hombre y la mujer para convertirse en uno solo.

Son casi las dos de la mañana y ahora, aparte de no poder dormir, ya me quedé con la intriga de lo que sucede en estos momentos en algún rincón de mi garaje…

LunaGalileoscopio

Esta imagen la tomé de "Microsiervos"

¿Qué sugieren que haga para la próxima? Estoy abierto a sus innumerables propuestas “macabras”. Muajaja.

🙂

¡Benditas vacaciones!

No sé como explicar la alegría febril que circunda por todo mi cuerpo. Al fin las tan esperadas y no tan merecidas (al menos en mi caso) vacaciones han llegado.

Tuve toda dos semanas totalmente agotadoras; que exposiciones, que exámenes, que revisión de apuntes para completar uno de los muchísimos rasgos a evaluar… en fin, toda una pseudo aventura que por fin ha culminado.

No quiero quedarme de holgazán en mi casa tantos días, pues son casi dos meses de no hacer nada. Creo que será muy oportuno buscarme un trabajo temporal para al menos poder tener un quehacer y así tener un poco de dinero para ir a jugar Pump, es también una perfecta excusa para conocer a más gente, aunque creo que también será imprescindible echarle una leída a esos apuntes que con sosiego copié del pizarrón y que nunca utlicé para mis exámenes.

Lo sé, en realidad no merezco estás vacaciones. Mis calificaciones no dicen mucho a mi favor, pero tampoco me ahorcan. Será definitivo, más dedicación y menos flojera para este último ciclo escolar que se viene y que comienza a mediados de agosto.

Ya es un hecho. He pasado a tercer año de prepa.

libros-w

¿Interacción Geek?

Las máquinas del autoacceso estaban saturadas. Todos miraban atónitos sus quién sabe cuantas firmas en su metroFLOG, sus más recientes visitas en su Hi5, pero nadie, nadie hacia su tarea, que era por eso por lo que estaban ahí.

El “geek” -apodo que mis compañeros y yo le asignamos al encargado del autoacceso-, se acerco a mí con pretensión y me dijo -con un tono de voz medio de enfado:

– Lo siento no puedes ver eso aquí. Las máquinas sólo sirven para hacer investigaciones y tareas.

Me ví mermado, no tuve otra cosa que decirle, excepto la pura verdad.

– Pero sí estoy investigando, bueno, no precisamente para hacer una tarea, es sólo para completar el post que tengo en mi blog.

-¿Tú blog? ¿Eso es acaso como el Hi5?

-¿Eh? -respondí con tono dudoso.

-Que si tu blog es similar a lo que los chicos ponen en su hi5 -me dijo, un tanto inseguro.

-¡No! Eso es otra cosa; eso es una red social. En mi blog escribo sobre cosas que me gustan o que me interesan, en realidad no tiene nada que ver con lo que usted dice.

Se quedo pensando por algunos escasos segundos.

-De todos modos ciérralo -me dijo mientras comenzaba a caminar hacia su laptop.

Me quede pensando y al final lo cerré. Ese señor es famoso por sacar y vetar a los jóvenes que no lo obedecen y créanme que no quería arriesgarme.

No puedo creer que gente tan metida en la tecnología como él -deberían de ver su escritorio lleno de laptops y blackberrys-, no sepa la diferencia entre una red social y un blog, peor aún, que no sepan lo que es un blog. Eso es hasta una ofensa para todo geek de corazón.

Lo que más asombro -o pena-, me dio, fue que un día ese señor le andaba preguntando a los jóvenes que entraban al autoacceso cómo instalar Windows Vista. Era tan gracioso y patético… no olvidaré ese día.

Puebla en la noche

Aun no acababan las retas en la Pump It Up cuando me salí del local de Plaza Victoria. Eran como las 8 de la noche, pero la atmósfera urbana dictaminaba otro horario un tanto más nocturno, más tenso y tétrico.

Las calles estaban casi solitarias, oscuras y frías. Los únicos locales abiertos eran unas contadas misceláneas, unos hoteles con rótulos llamativos y bares al tope. La circulación vial era decadente, apenas si se podían ver las luces de algunos cuantos carros que pasaban a tremenda velocidad hasta la 11 norte; una de las calles más transitadas del centro de Puebla.

Jamás había visto a una Puebla tan desolada y menos en domingo a tan buena hora. Creo que en estos tiempos tan precarios lo mejor y por lo que muchos han optado es por quedarse en casa para disfrutar de una buena película, una rica cena o una convivencia familiar que salir a las calles en la noche y exponer su patrimonio ó hasta su propia vida. Todo esto sumándole una policía ineficiente y rechoncha.

Quería enviar un tweet para manifestar mi asombro de ese día, pero sentía que cada movimiento que hacia era seguido tenazmente por ojos pretenciosos. Era algo sobrecogedor.

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(El panorama de ese día no se compara en nada con el de la foto)